El tema de 2026 del Día Internacional de las Cooperativas de las Naciones Unidas, «Cooperativas para un mundo pacífico», reafirma la contribución de las empresas cooperativas a la justicia social, la inclusión y la solidaridad. Reconoce a las cooperativas como instituciones centradas en las personas que pueden ayudar a generar confianza, fortalecer la cohesión social y unir a las comunidades en torno a necesidades y aspiraciones compartidas. En un mundo marcado por conflictos, desigualdad, fragmentación social y una disminución de la confianza, el tema recuerda que la paz es más que la ausencia de violencia: también requiere inclusión, equidad, diálogo y seguridad económica.
Anunciado por la Alianza Cooperativa Internacional, el tema también refleja la capacidad del modelo cooperativo para servir como puente entre las personas y las comunidades. A través de la propiedad democrática, la membresía abierta y la responsabilidad colectiva, las cooperativas crean espacios en los que las personas pueden participar, ser escuchadas y trabajar juntas más allá de las divisiones sociales y económicas. Arraigadas en las comunidades y conectadas mediante un movimiento internacional, apoyan los medios de vida, el trabajo decente, la reducción de la pobreza, la integración social y la construcción de la paz entre pueblos, comunidades y naciones.
Identidad cooperativa
Una forma de empresa centrada en las personas
Definidas por la Alianza Cooperativa Internacional como asociaciones autónomas de personas que se unen voluntariamente para satisfacer sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes a través de empresas de propiedad conjunta y control democrático, las cooperativas sitúan a las personas en el centro de la vida económica. No están impulsadas únicamente por el capital ni están diseñadas principalmente para servir a inversionistas externos. Su propósito es servir a sus miembros, quienes pueden ser consumidores, trabajadores, productores, usuarios de servicios, propietarios de negocios independientes o comunidades que buscan soluciones colectivas a desafíos comunes.
Principios en la práctica
Propiedad democrática y participación
Los principios cooperativos, reconocidos internacionalmente, traducen esos valores en la práctica. La membresía voluntaria y abierta garantiza que las cooperativas estén abiertas a todas las personas capaces de utilizar sus servicios y dispuestas a aceptar las responsabilidades de la membresía, sin discriminación. El control democrático de los miembros convierte a estos en la máxima autoridad, con una participación activa en la formulación de políticas y la toma de decisiones y, en las cooperativas de base, con igualdad de derechos de voto bajo el principio de una persona, un voto. La participación económica de los miembros garantiza que estos contribuyan de manera equitativa al capital de su cooperativa y lo controlen democráticamente, utilizando los excedentes para el desarrollo de la cooperativa, el beneficio de los miembros, las reservas u otros fines aprobados por ellos mismos.
Independencia, educación y comunidad
Otros principios protegen la independencia, la base de conocimientos y el propósito social más amplio de las cooperativas. La autonomía y la independencia exigen que las cooperativas sigan siendo organizaciones de autoayuda controladas por sus miembros, incluso cuando celebran acuerdos con gobiernos o captan capital de fuentes externas. La educación, la formación y la información fortalecen la capacidad de los miembros, representantes electos, directivos, empleados y del público en general para comprender y apoyar la empresa cooperativa. La cooperación entre cooperativas les permite servir a sus miembros de manera más eficaz mediante el trabajo conjunto a nivel local, nacional, regional e internacional. La preocupación por la comunidad reafirma su compromiso con el desarrollo sostenible de las comunidades en las que operan, a través de políticas aprobadas por sus miembros.
Normas que se refuerzan mutuamente
En conjunto, estos principios no son reglas rígidas, sino directrices prácticas e interrelacionadas que dan vida a la identidad cooperativa. Muestran cómo los valores pueden expresarse en la gobernanza, la propiedad, las finanzas, la educación, las alianzas y la acción comunitaria.
Anunciado por la Alianza Cooperativa Internacional, el tema también refleja la capacidad del modelo cooperativo para servir como puente entre las personas y las comunidades. A través de la propiedad democrática, la membresía abierta y la responsabilidad colectiva, las cooperativas crean espacios en los que las personas pueden participar, ser escuchadas y trabajar juntas más allá de las divisiones sociales y económicas. Arraigadas en las comunidades y conectadas mediante un movimiento internacional, apoyan los medios de vida, el trabajo decente, la reducción de la pobreza, la integración social y la construcción de la paz entre pueblos, comunidades y naciones.
Identidad cooperativa
Una forma de empresa centrada en las personas
Definidas por la Alianza Cooperativa Internacional como asociaciones autónomas de personas que se unen voluntariamente para satisfacer sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes a través de empresas de propiedad conjunta y control democrático, las cooperativas sitúan a las personas en el centro de la vida económica. No están impulsadas únicamente por el capital ni están diseñadas principalmente para servir a inversionistas externos. Su propósito es servir a sus miembros, quienes pueden ser consumidores, trabajadores, productores, usuarios de servicios, propietarios de negocios independientes o comunidades que buscan soluciones colectivas a desafíos comunes.
Principios en la práctica
Propiedad democrática y participación
Los principios cooperativos, reconocidos internacionalmente, traducen esos valores en la práctica. La membresía voluntaria y abierta garantiza que las cooperativas estén abiertas a todas las personas capaces de utilizar sus servicios y dispuestas a aceptar las responsabilidades de la membresía, sin discriminación. El control democrático de los miembros convierte a estos en la máxima autoridad, con una participación activa en la formulación de políticas y la toma de decisiones y, en las cooperativas de base, con igualdad de derechos de voto bajo el principio de una persona, un voto. La participación económica de los miembros garantiza que estos contribuyan de manera equitativa al capital de su cooperativa y lo controlen democráticamente, utilizando los excedentes para el desarrollo de la cooperativa, el beneficio de los miembros, las reservas u otros fines aprobados por ellos mismos.
Independencia, educación y comunidad
Otros principios protegen la independencia, la base de conocimientos y el propósito social más amplio de las cooperativas. La autonomía y la independencia exigen que las cooperativas sigan siendo organizaciones de autoayuda controladas por sus miembros, incluso cuando celebran acuerdos con gobiernos o captan capital de fuentes externas. La educación, la formación y la información fortalecen la capacidad de los miembros, representantes electos, directivos, empleados y del público en general para comprender y apoyar la empresa cooperativa. La cooperación entre cooperativas les permite servir a sus miembros de manera más eficaz mediante el trabajo conjunto a nivel local, nacional, regional e internacional. La preocupación por la comunidad reafirma su compromiso con el desarrollo sostenible de las comunidades en las que operan, a través de políticas aprobadas por sus miembros.
Normas que se refuerzan mutuamente
En conjunto, estos principios no son reglas rígidas, sino directrices prácticas e interrelacionadas que dan vida a la identidad cooperativa. Muestran cómo los valores pueden expresarse en la gobernanza, la propiedad, las finanzas, la educación, las alianzas y la acción comunitaria.
